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DÍA 44 – PERDIDOS

Vaya, vaya, ya llevamos 44 días.

44 días pensando que ya queda menos. Hay moral. Además del mantenimiento de la salud física, virus controlado más o menos, pienso que lo esencial es salir de esta con la cabeza, no sé si absolutamente “clara”, pero al menos tan clara como hace 44 días. O más, ¿por qué no? La realidad vital concreta es, de por sí, lo más confuso e intrincado con lo que tenemos que manejarnos en este maravilloso mundo. Mundo que es, de entrada, un lugar en el que nada más llegar ya estamos perdidos y en el que podemos pasarnos todo el resto del tiempo buscándonos o buscando una salida. No es algo muy relajante vivir buscando sin saber bien el qué, pero todos sospechamos que ese debe ser el funcionamiento del juego en este planeta.

En este tiempo a lo mejor nos hemos podido dar cuenta de que sin salir de casa, fuente importante de conflictos inesperados, esa realidad vital nuestra sigue siendo enrevesada y ciertamente única. Parece que todos hemos vivido una situación común, pero no. Cada cual vive inmerso en el caos que resulta ser cualquier experiencia algo extrema, driblando la anatomía secreta del instante, sorteando miedos e incógnitas, intentando no perderse de vista. En suma, el que no se haya desorientado en este tiempo puede otorgarse el premio de considerarse, según calificación de Ortega y Gasset, “una cabeza clara”. (Se nota que he aprovechado a leer al gran filósofo español). El hombre de “cabeza clara”, dice O. y G., es el que logra librarse de esas ideas pesadas, pesimistas y fantasmagóricas y mira de frente a la vida haciéndose cargo de que, efectivamente, está perdido. Pero como un náufrago, buscará algo para agarrarse y al menos, en mitad del caos que es el medio hostil en el que flota, podrá salvarse. Porque el que no se siente perdido no se encuentra jamás.

(Canción recomendada: “That´s All I Ask”- de Nina Simone)