images

DÍA 30 – ESTE BLOG

La última vez que cené fuera de casa fue una semana antes del confinamiento.

Fue en un restaurante chino en Barcelona y con mis hijas. Como se suele decir tópicamente, “nada hacía presagiar” la que nos caería después. Cenamos muy bien, quizás porque lo encontramos a falta de algo mejor, era domingo y se nos hacía tarde. No hay como comer con el apetito un poco al límite. Aquel fin de semana lo pasamos muy bien en familia, llevábamos tiempo sin reunirnos. Ahora nos estamos hinchando a reunión familiar.

El día 15 de marzo, parece que fue ayer (ahora todos los días se parecen al de ayer) comencé a escribir estas 300 palabras diarias para enviarlas al cielo, a esa nube en la que habitan, entre otras cosas, artefactos como este blog. Treinta días en los que, sentado en una silla, tumbado en un sofá o acomodado en un sillón he ido escribiendo, tanto en ordenador portátil como en uno fijo y a veces en las “notas” del teléfono. No es nada heroico esto, he empleado algo de tiempo, (que mira si sobra) en transmitir voluntariosas señales intermitentes desde el campamento base en el que quedé confinado esperando al pase de la tormenta. No es mal emplazamiento, no hay queja por eso. Desde esta altura se respira todo lo hondo que uno puede necesitar y la calma predomina a pesar de que se perciben a lo lejos las situaciones reales, irremediables y terribles, que viven otros como nosotros, incluso ahora se empieza a intuir levemente el panorama que nos traerá la calma atmosférica: una primavera con tormentosas incógnitas. Yo no tengo respuestas para casi nada, soy más de preguntar. De preguntar y anotar, por si acaso, así que veremos a ver…

Aquí dejo el escrito con entrega diaria y lo voy a pasar a semanal, por ejemplo al lunes, hasta que termine este campamento obligatorio. Espero que este cambio no produzca dramas psicológicos ni depresiones: guardemos la energía para cuando escampe.

(Canción recomendada: “On the Sea”- de Beach House)