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LECTOR

Cada año, al empezarlo, pienso una vez más en el lector de estas mis cosas. O sea, en ti.

No en ti y tus circunstancias, tarea imposible, aunque ya me gustaría, sino en ti en abstracto, cosa que ya resulta raro hasta de escribir. Pero bueno, en ti y en mí respecto a ti. Qué hago yo escribiendo y qué haces tú leyéndome. Tampoco tengo respuesta para eso. No sé si la habrá tenido algún escritor en la historia, porque creo que ese es uno de los misterios insondables de la comunicación entre los humanos.

Hay quien dice no querer tener miles de lectores sino no perder los 100 primeros. A lo mejor tú estás en ese grupo que no quiero perder. No perder lectores probablemente dé sentido a que escriba al menos una vez al mes. ¿He dicho “sentido”? ¿Dar “sentido”? Tampoco me atrevo a definir esta cuestión. Si te empeñas en ser muy directo y sincero es posible que se te estreche el camino. Hoy la verdad no puntúa demasiado para el triunfo generalista, por eso quizás sea hasta preferible contar con un público sanamente minoritario.  

La vocación debe ser eso que empuja a que hagamos cosas sin que nos las pida nadie, pareciendo que no nos cuesta hacerlas y además gratis. Ahí nos pillan a los que tenemos ese vicio comunicativo (o artístico o yo qué sé). Y está mal que lo diga públicamente, porque rebaja el precio de uno mismo, pero cuando quieres realizarte ejerciendo ciertas tareas, es difícil ponerles precio. O es que no lo tiene. “Pero si a ti te gusta esto ¿para qué vas a cobrarme?” tienes que escuchar alguna vez. La vocación junto a la voluntad de comunicar, son conceptos maravillosos que van ligados tanto al sacrificio como a la diversión.

“Hay trabajos más divertidos que lo que se entiende por diversión” llegó a decir el actor y dramaturgo Noël Coward. Escribir me divierte, así que tú sigue ahí, que yo seguiré aquí.