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CUÉNTALO TODO

Me sigue sorprendiendo como pasamos de un año a otro. No sé, será de esas cosas que se te quedan atravesadas desde cuando eres pequeño.

Después de unos largos 365 días con prescindibles e inolvidables momentos se arranca la hoja del calendario y no pasa nada. A empezar de nuevo. Que en realidad no hay nada que empiece justo en ese momento. Es contradictorio, por eso me crea un rara sensación. Todo esto ¿se acaba o empieza a cada momento? ¿o las dos cosas?

Al final del año sé cuántas botellas de vino he abierto en mi casa, cuántas películas y series he visto, cuántos libros he leído, los kilómetros que he corrido, los artículos que he escrito aquí y allá y alguna otra cosa más, pero ¿cuántas veces te has mirado las manos? y ¿cuántas canciones has escuchado? ¿cuántos besos has dado? ¿cuántos minutos de buenos pensamientos y cuántos de mal rollo? Creo que todos tenemos experiencias semejantes. Buscar al compañero/a ideal; dejar al compañero/a desagradable, buscar y rebuscar, querer y dejar de querer, ¿lo prefieres perfecto o soportas los defectillos?

Nos deslizamos sobre los mismos carriles que no sabemos muy bien a donde nos acabarán llevando. Compartimos el mismo tiempo y espacio sin saber exactamente por qué el aquí y ahora, pero peor es la alternativa de no estar. Todos tenemos la oportunidad de crecer, desarrollarnos o transformarnos mientras tiramos una y otra vez las malditas hojas del calendario. En realidad vivimos las mismas historias aunque terminan por ser diferentes. Los matices, los detalles, que son lo fundamental, se sortean de no sabemos qué forma y apañándonos con ellos diseñamos esta especie de entretenimiento que nos ocupa del día 1 de enero al 31 de diciembre de cada año. Y termina el calendario y suma y sigue con más detalles, esos minúsculos avatares que hacen girar inapreciablemente el sentido de las cosas en el nuevo día, mes o año. Tiene que haber algo mejor por ahí escondido ¿no? Perseguir, realizar, regresar y marchar, acoger y despedir, soñar y aterrizar, plenitud y vacío. Volar de la manera que sea lo mismo que detenerse en seco, que no todo tiene que ser moverse, que hay que fijarse bien. Cuéntalo todo. O no, pero espabila.

Anda, ponte a Richard Hawley.