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EL DÍA ES DE LOS MUERTOS

Parece que no, pero el día da para muchos pensamientos. La cabeza transita incontrolablemente por el tiempo y el espacio, gratis total, adelante, atrás, alternando el ensueño, los deseos, el recuerdo, la añoranza.

Los recuerdos pueden ser traicioneros, las expectativas de futuro a veces oscuras, el pesimismo por lo que perdimos, insistente. Hoy es día de los muertos pero pienso que en realidad, son los días los que son de los muertos… todos los días. “La vida de los muertos está en la memoria de los vivos” dijo Cicerón.  La memoria, ese líquido a veces corrosivo, en constante movimiento que, con cualquier movimiento, nos salpica, nos mancha a menudo despertándonos de lo inmediato para llevarnos a esa dimensión que intentamos no condicione nuestro presente: el pasado. Sabemos que están ahí, nuestros muertos, siempre con nosotros, valorando lo que hacemos esperando que mejoremos. Les saludamos cuando algo nos sale requetebién “ojalá estuvieras aquí”. Nos acostamos con ellos si tenemos algo importante que decidir “que haría en mi lugar”, “que me aconsejaría”, “qué le parecería si…”. En una canción de Gato Pérez se decía “cada día, una experiencia nueva es la mejor terapia para sobrevivir”. Sobrevivir, vivir, convivir, recordar, sobrellevar, son verbos con peso para nuestra particular mochila. El recuerdo de lo que fue y de lo que otros fueron, de lo que fue y ya no será, tendrá una paleta de colores diferente para cada cual pero es culturalmente lo más transversal: todos sabemos de qué va eso. El paseo por la vida y su final nos hace poco originales a la vez que nos hermana a todos los bichos vivientes.

El día es de los muertos. A la caminata apresurada y cotidiana de los vivos, borrachos de vida le acompaña sin falta, la presencia permanente, en forma de brisa, de sus muertos más queridos.