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ARTE y CORAJE

Dice Félix de Azúa que “la filosofía y el arte no requieren excesivo talento, ni excesiva inteligencia. Requieren coraje”. Empecemos por decir que suena bien, me atrae el maridaje entre arte y coraje.

Pensemos que el artista es un ciudadano como otro cualquiera, quiere vivir tranquilo trabajando en lo que le gusta y ser remunerado por ello. Vivir tranquilo es la aspiración número uno de todo humano desde el año uno de los tiempos: tener los menos problemas posibles para desarrollar sus planes de vida.

Es cierto que el artista busca el reconocimiento y el aplauso más que otro tipo de trabajador. Debe de ser porque crear algo, construir lo que antes no existía, acarrea una dosis importante de inseguridad: “esto que he hecho ¿ya valdrá para algo? ¿tiene algún sentido? ¿de verdad que aporta algo nuevo a lo que ya existe?”.

Se dice que muchos grandes artistas primero convencen con ideas originales y cuando llegan a su cenit, venden (y viven de) su fama personal. También es muy humano sacrificar la propia independencia y dejar de luchar para ponerse al servicio de la comodidad.

Pero ser artista no es solo algo que uno quiera ser sino que “tiene” que desarrollar “algo” para serlo. La capacidad de ser creativos la tenemos todos en distinta medida pero el artista nota cómo esa facultad le produce un cosquilleo especial y se siente empujado a desarrollarla. No hay artista si no hay esfuerzo y dedicación para serlo. Un artista es un tipo trabajando solo en una habitación. “Todo es bello pero solo en mi habitación” ha llegado a decir la artista Nidaa Badwan, que se ha fotografiado a sí misma durante un año sin salir de su casa. Si algo distingue a los buenos artistas es su capacidad de mirar de manera diferente lo que les rodea. Y para mirar sin ser autocomplaciente es para lo que se necesita el coraje. El arte original y auténtico debe poner distancia con lo que hay en su tiempo, debe ser subversivo, esquinado, ni bello ni feo por obligación, tampoco exacto o medible. La magia del arte no reside en que nos guste sino en que nos esté contando algo que no hemos sido capaces ni de imaginar.

Sin riesgo el arte no interesa. Mejor dicho, si no hay riesgo probablemente no hay arte, será otra cosa muy bonita o muy bien hecha, pero no Arte.