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Be simple, stupid

Se escucha constantemente que hoy en día se simplifica todo.

O que hay que simplificar lo que se dice o hace para el público porque si no no nos hará caso nadie. Prohibido alargarse. La cultura tweet influye de tal manera que nos está conduciendo a escribir o a leer en corto. ¿Medio folio? Uf. Hay jóvenes a los que dices “lee esto que te interesará” y te responden “¿cuánto ocupa?”.

La tendencia a simplificar, a la búsqueda del titular impactante para dejarlo así, solamente impactante, puede llevar a ridiculizar el contenido. ¿Cómo vas a contar esto? Procura hacerlo muy breve o la gente pasará de verlo. Lo largo sinónimo de aburrido. Viva la pereza. La película Titanic rompe todos nuestros moldes por dos razones: duraba 195 minutos (¡¡3 horas y 15 minutos!!) y además, de antemano, conocíamos el final. Pues ha sido una de las películas más vista de todos los tiempos. ¿Quién da más? Confieso que aún no la he visto, pero no por larga. La cuestión es que no se puede demostrar que sea del todo cierto que la medida de las cosas sea lo que nos impide acercarnos a ellas. Las expresiones artísticas no tienen como misión simplificar el mundo, mucho menos nuestra visión del mundo, deben intentar generarnos preguntas, esas que no nos haríamos nosotros solos. Las buenas propuestas tratan de complicarnos el pensamiento para entender mejor la vida. Deben ser un pelín incómodas para que funcionen como un verdadero mecanismo de transformación de nuestras mentes. Quizás la provocación de ciertas propuestas nos avive la preocupación por conocer detalles que se nos ocultan del mundo en el que vivimos y en el que despiertan nuestros hijos. Atentos a las preguntas complicadas, pero ojo, tampoco tratemos de dar con una sola la respuesta, porque seguramente no la hay.

Complicarse la vida intelectualmente no tiene límite: somos capaces de “comer y digerir” de todo. De todas maneras, en esto de la comunicación, aunque haya excepciones, hay una máxima: be simple, stupid. Así que aquí lo dejo. 341 palabras.