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HISTORIAS

“La narración es el único barco con el que podemos navegar por el río del tiempo”.

Estamos hechos de historias. Cuentos, relatos que nos contaron, que nos cuentan, que contamos. Las viejas historias de la infancia, las primeras historias, nuestros recuerdos casi perdidos, forman la base de nuestra cultura personal y enmarcaron nuestra sensibilidad o la embrutecieron, nos hicieron soñadores o prácticos. Deformadas por el tiempo, algunas historias se tambalean en los márgenes de lo real y lo soñado. Grandes las que no lo fueron tanto y pequeñas las que fueron decisivas. Como si el verdadero recuerdo no fuera la fusión de recuerdos y sueños. Acercándonos al mundo de los mayores fuimos perdiendo la nitidez de algunos preciosos momentos para convertirlos en texturas desenfocadas de tonos suaves y cálidos. Transformándose en indibujables, mitad sueño, mitad fósil, imágenes y sensaciones de voces que pronunciaron palabras que nos llamaron la atención, timbres de voz que nos encandilaron, gestos, luces que entraban por la ventana o lámparas de habitación antes de dormir.

Nada es más real, más objetivo que muchas historias. Nada puede ser más ficticio que una historia real. Nada más decepcionante que una buena historia que sea pura mentira. Nadie más peligroso que un buen contador de historias falsas.

Historias que vemos, oímos o nos hemos imaginado, historias que nos contamos a nosotros mismos de nosotros mismos. Me cuentan mi propia historia y me la creo o no, según me guste o no. Hasta nuestro pasado es una historia que no sabemos si fue verdad del todo. Nuestro tiempo flexible, cambiante y volátil, mantiene aún la costumbre de dar espacio a las historias. Probablemente no nos gustaría tanto vivir si no pudiéramos contar historias.

Por eso existen los cines, las radios, las televisiones, los bares y cafeterías, los paseos por la costa o los senderos entre árboles. Por eso llevamos el teléfono, escribimos correos, SMS o whatApps. Para contar y que nos cuenten. Para contar la tarde de ayer o que nos cuenten fantasías de otros universos. Contando historias podemos cambiar a otros y otros a nosotros. No hay magia, solo palabras bien ordenadas, impulsos bienintencionados. Amor y voz. Cuéntame algo por favor.