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VIDA LÍQUIDA

Dos pensadores, Zygmunt Bauman y Antonio Muñoz Molina, coincidieron en estos últimos años en detectar lo blandito y amorfo en que se ha ido convirtiendo este nuestro mundo.

“Todo lo que era sólido”, según Muñoz Molina, se volvió líquido según Bauman. El diagnóstico sobre una sociedad moderna convirtiéndose en fluido cambiante, informe, siempre en movimiento, resulta certero a nada que uno efectúe un rápido balance de las experiencias en las que estamos. Los conceptos, los valores que conocimos ya no son sólidos ni inmutables sino blandos, líquidos y escurridizos. A veces, ni son. Bauman murió hace menos de un mes dejándonos el legado de su pensamiento tan nítido como inquietante. Abro un libro suyo en el que escribí “Barakaldo, 27 de septiembre de 2005” y dice: “Es el miedo a tener miedo lo que nos acecha a los moradores de este mundo moderno, líquido, confuso, caótico e impredecible”.

Sumergidos en el miedo sin referencias de un tronco (sólido) flotante al que agarrase. Como flotar a oscuras. Leí una vez que la vida no es tanto un río de los que van a dar al mar (que es el morir) que escribió Jorge Manrique, como flotar en alta mar y moverse por el impulso de las olas que a uno le van arrastrando a no se sabe donde, que le dejan un tiempo en un lugar para llevarle de pronto muy lejos de allí en dirección desconocida.

Un observador como Bauman te hace entender los resultados de nuestro ir y venir, los efectos de las formas de vivir y relacionarnos que adoptamos de manera natural e inconsciente pero que con el tiempo son los que tejen el tapiz de la realidad contemporánea. No hay mejor guía que esos pensadores que nos alumbran y ayudan a amueblar nuestro estilo de vivir y pensar (o al revés).

En el libro de Antonio Muñoz Molina “Barakaldo, 7 de junio de 2013”  encuentro esta frase: “Todo lo que era sólido se desvanece en el aire”.

Lo peor que nos puede ocurrir es no escuchar ciertas alertas y mecernos en los buenismos de moda, no ejercer con coraje la de libertad de opinión o dejarnos influenciar por las hipnóticas sentencias de las redes, todo lo que en la práctica nos evade de intentar endurecer aquello que fue sólido.