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POST-VERDAD

El mundo de la política se ha vuelto loco, no digamos el de los analistas de la política. Probablemente algo gordo está pasando sin que nos demos cuenta cuando al tiempo que vivimos se le empieza a llamar el de la post-verdad.

Me encandila ese lenguaje creativo que reutiliza conceptos viejos, éticamente primarios, para crear prototipos con apariencia de modernos e innovadores. Las campañas políticas son interminables (de hecho ya siempre estamos en campaña) los discursos se multiplican y, por si fuera poco, cada minuto se escuchan o leen extractos de ellos en las redes, las televisiones o las web de noticias presionando así a los emisores en la búsqueda de nuevos estilos más seductores. Admitamos que nos atraen los mensajes provocativos, esquivamos la repetición, la atonía no vende. Y esperando-deseando la sorpresa constante, llega la post-verdad, la post-truth (que no el post-Trump). Si hay infinitos niveles de faltar a la verdad, la post-verdad es uno de ellos. En realidad es a lo que siempre se llamó mentira o hipocresía y cuya versión light contemporánea es el postureo. Hacer una cosa después de haber dicho otra, hacer como que haces pero no. Decir barbaridades con cara de bueno o de ogro es lo mismo porque lo interesante es epatar a la audiencia, no importa si algunos se lo toman a broma y otros en serio. Así se han puesto de moda las mentiras piadosas (o no), las medias verdades, todo tipo de tergiversaciones, apariencias, exageraciones y fingimientos, siempre  en acto público y con cámaras grabando. Tranquilo, porque eso que has oído no está claro que se lo crea quien lo dice y tampoco es probable que vaya a poner en práctica eso que te ha asustado. ¿Entonces? Los políticos nos engañan, hacienda se aprovecha de nosotros, el carnicero nos pone peso de más y las ofertas del super no lo son. La gasolina sube y de pronto baja, el precio de la habitación de un hotel y el de un viaje en avión cambian cada hora. Vivimos rodeados de misterios insondables. El futuro es, más que nunca, una amasijo de falsos rumores ¿gozaremos de la pensión de jubilación? Respiramos este oscurantismo y dormimos a gusto pero lo que resultaría insostenible es que todos practicáramos la postverdad.