images

EL CINE, MI CINE

El cine fue para mí, como para los chicos de mi generación, el entretenimiento número dos. El primero era el fútbol.

Jugábamos al fútbol en todos los intervalos libres que dejaban las clases del colegio y las academias de refuerzo. El tiempo del fin de semana de repartía entre darle al pelotón y ver unas cuantas pelis. Entre la matinal del domingo y una sesión doble por la tarde, nos pasaron por delante todas las películas de la época que no fueran para mayores. Los pasillos, las escaleras al gallinero o el suelo delante de la primera fila siempre estaban ocupados pero nadie se quejó nunca de la incomodidad de estar hora y media en mala postura. En la única cadena televisión que existía, también tuvimos oportunidad y tiempo para ver una gran cantidad de películas. Vaqueros, romanos, espías. Cine a todas horas. Así y todo, nunca conocí a nadie que trabajara en ello, ni a nadie que me animara a hacerlo. No encuentro una respuesta satisfactoria cuando me pregunto por qué me dedico al cine. No tuve una vocación temprana ni un momento revelación anecdótico que pudiera contar ahora. Fue siendo ya mayor, poco antes de los treinta, cuando descubrí que el poder de fascinación que las películas ejercían sobre mí era realmente la esencia de la magia del cine. Y me atreví a practicar con ella e intentar ser yo quien fascinara a los demás. Mucho más tarde entendí el privilegio de poder contar algo personal a desconocidos que ven y escuchan en silencio, a oscuras, sin posibilidad de interrupción.

Yo no hago cine por el hecho de que me guste contar cosas o para entretener sino para meterme en la cabeza de quien mire la pantalla, para añadirle una línea más en su conocimiento del mundo. ¿Qué más se puede pretender? Eso es lo que ha hecho el buen cine con nosotros, enseñándonos vivencias, lugares, épocas, fantasías o realidades diferentes.

Es la aventura de contar bien, para emocionar o entender, como lo hicieron otros o diferente a como lo contaron los anteriores o para contar lo que otros no cuentan. Es un reto con todo en contra, un ocho mil con tormenta, viento huracanado y niebla espesa.