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BANALIDAD

A lo mejor es un espejismo personal pero creo que gracias al estilo medio de lo que vemos en las televisiones podemos tener una percepción realista de la expansión creciente de la banalidad. No digo diversión, tampoco humor, ni siquiera entretenimiento.

Banalidad que no es exclusiva de la televisión; los inventos e inventitos que la tecnología acerca a nuestra mano, emanan grandes dosis de ella. Contagiosa como nunca hubo otra cosa igual, infecta a todo tipo de personas, situaciones y ámbitos profesionales. Por supuesto que ni los artistas escapan a su influencia. Si ya hace tiempo que muchas expresiones artísticas resultaban desconcertantes para el común de los mortales, ahora que el exhibicionismo, el branding o lo que se llama con gracia postureo, son tentadoras herramientas al alcance de un cualquiera con móvil en la mano, legiones de artistas emergen confundiendo aún más al personal con sus cosas y cositas. Si nunca fue fácil discernir entre lo que tiene valor artístico y lo que no lo tiene, la aparición del artista mediático genera nuevas e inéditas encrucijadas. Si el artista te cae bien ¿te aproximas más fácilmente a su obra? ¿Si te embelesa con su labia le compras el libro? ¿artistas o vendedores? ¿vendedores de sí mismos por necesidad o narcisismo? ¿o falsos artistas?

Los creadores como cualquier otro profesional quieren ganarse la vida de la mejor manera, como no: las chuletas o el Chardonnay no te lo dan a cambio de unas páginas escritas o un bonito dibujo. El problema básico reside en cómo cambiar eso que a cada artista le parece arte por cash.

Más o menos entrenado, pero cierto talento lo tenemos cualquiera. Mucho talento lo tienen muy pocos, ley de vida, pero son mayoría los que lo utilizan sobre todo para disimular sus carencias. Facebook, twitter, son un nuevo escaparate para los egocéntricos, el expositor ideal para la banalidad, un fabuloso camuflaje contemporáneo.Estas redes que entrelazan todo con nada en tiempo real, son un ecosistema favorable para el impostor. “Ya están aquí los fantasmas, siempre los mismos fantasmas, con sus montajes fantasmas,…” decía Luis Eduardo Aute en una mítica canción de los setenta. Los falsos artistas están entre nosotros y como los Pokemon, son una plaga, pintan, escriben o lo que sea, están en todas partes. Hay que fijarse mucho para distinguirlos o empeñarse en tener (ay!) criterio. Solo educando el criterio les distinguiremos porque para un falso artista con maña es tan fácil camuflarse hoy en día que hasta yo puedo ser uno de ellos.