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NO CONTESTAR ¿NO SABER?

“No sabe, no contesta”, ha sido (aún lo es) ese espacio cajón de sastre, en el que se encuentran duda, ambigüedad, indiferencia, ignorancia, pereza mental o incluso cobardía, a utilizar ante una pregunta pública o privada.

Cuántas veces se llenan encuestas marcando esa casilla. Cuántas preguntas nos han quedado sin contestar de personas que hemos tenido delante de nuestras narices. Cuántos silencios forman parte de lo más desasosegante de nuestra memoria. El silencio como contestación. La callada por respuesta.

Hoy en día parecería una opción sensata a incluir en las preferencias del menú de nuestras aplicaciones de correo electrónico. No se me ocurre una manera elegante de nombrarla en la barra de herramientas junto a  Responder, Responder a todos, Reenviar… Pero podría ser: lo siento, pero no me interesa ya o, lo siento pero no sé qué decirle al respecto o, lo siento pero no he tenido tiempo de mirar lo que me envió o, vuelva a escribirme el próximo año o no lo haga nunca más. A falta de esa opción automática, no parece que cueste mucho tiempo teclear cualquiera de estas respuestas, a mi ha llevado unos segundos nada más. ¿De verdad que no es de muy mala educación no contestar a quién te escribe de manera personal? Cuando me cabreo, pienso ¿sólo me pasa a mí?

Siempre se habló del silencio como recurso diplomático, pero ¿es diplomático no responder a un correo dirigido a tu persona, que te llega inexcusablemente al dispositivo que tienes constantemente en la palma de tu mano? Te vibra el chisme, tocas con el índice la pantalla, lo lees ¿y después? Debería devolvérsenos como acuse de recibo la cara del receptor al leerlo. La cámara de los selfies grabaría el gesto mientras lo lee y automáticamente nos llegaría un vídeo-respuesta. Viendo la expresión del rostro ya nos haríamos alguna idea de la reacción que ha causado nuestro dichoso correo. No pasa nada por que te digan que NO a algo, ya somos mayores, hemos recibido más negativas que otra cosa al sinfín de propuestas que vamos haciendo tanto en la vida personal como (sobre todo) en la profesional. Lo que resulta insoportable es la NO contestación. Creo que uno queda peor no respondiendo que siendo franco o directo ¿no? Dejemos el silencio para la espiritualidad. ¿He dicho espiritualidad?