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PUNTO DE MIRA

En el centro del punto de mira siempre hay algo a eliminar. Más bien, alguien. Símbolo por excelencia de la amenaza a punto de ejecutarse. Primero es en la mente, luego en una lista, después el boceto de un plan.

La amenaza, antes de cumplirse, es así, después ya no estás. Siempre se apunta antes de disparar. En el cuaderno de estilo de los asesinos, sobras. Y cuando te tienen a tiro, olvídate, ya estabas avisado.

Basta con dibujar un punto de mira y poner un nombre en medio de ella, para hacer llegar el mensaje. De manera tan sencilla todo el mundo entiende lo que no es necesario decir con palabras, ni hace falta firma. Sobran las palabras para que los aludidos comiencen a sentir el escalofrío.

Es el lenguaje de los símbolos. Hay lugares donde hemos visto mucho ese dibujo, casi infantil, de la amenaza. Trazos urgentes, un círculo asimétrico más una cruz central, que transparenta todo el odio que eres incapaz de comprender pero que no deja ninguna duda sobre cual será el siguiente paso: la eliminación de unos cuantos. La amenaza lleva aparejado el insomnio. Los rostros ya no tendrán jamás la misma expresión. Todo parece tan increíble que ni huyes.

Al asesino no se le verá la cara tan fácil, es lo suyo, pero los dibujos (ahora vídeos), las amenazas, son para que las conozcamos todos. Sólo unos pocos verán el arma, porque, entre otras cosas, el momento es sorpresa, la última sorpresa. 

Aquí, en el norte de España, ahora que esas pintadas amenazantes están borradas, no hay nadie que reconozca que hizo alguna. Aquí, que las pistolas y las ametralladoras ya no se usan contra los disidentes, ya no hay quién diga que estuvo detrás de alguna de ellas, y si hay alguno que dice que alguna vez la utilizó añade a continuación ¿y qué? Esa es otra, siempre habrá otros culpables que no sean ellos mismos, ellos son la causa irremediable de algo que las víctimas hicimos muy mal. El cañón se acerca sigilosamente a tu cabeza sin que te des cuenta. No les importa que tengas familia o no, ni tus planes de futuro, no tienen nada personal contra ti, sólo eres un instrumento para atemorizar a otros, a muchos, a todos los demás. Sólo un número para apuntalar el Mal.

La vida, que de vez en cuando no vale nada.