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NUESTROS MUERTOS

Te quiero de una manera que no se parece en nada a como se quiere a los vivos, te sueño porque no hay otro remedio,

te veo aunque sea mentira, en cualquier sitio, en algo que encuentro en casa, al tocarme una herida recuerdo tus manos y la mercromina, al atarme un botón, no me digas porqué, las uñas cortas, mordidas, al cepillarme los zapatos, la última camisa que me regalaste, al pronunciar un refrán olvidado, al ver mis ojos en el espejo.

Tú y una corbata de lana, un puro habano, tu voz, un salón de hace mucho, tú y tu novia entonces sentados juntos, tú y tu mujer después en el coche, tu mano en su mano, los niños detrás, la música en el cassette, ya sabes qué música.

Las ventanas de la casa vieja tiemblan, entra el frío y tú me lees cuentos que no recuerdo, un dicho familiar que sí recuerdo, gafas que te hacían fea y rara, el otro día me pareció verte en una tienda y oirte echándome una bronca, los pures, las natillas, el papel viejo en las paredes.

¿Y tú, te acuerdas? Una tarde en la orilla de la playa, hablábamos de todo, tu risa era especial, una película que vi contigo, otra en la que me dormí junto a ti, en casa, muchas que nos contamos, el dedo pequeño de las manos, los acordes de una canción, una navidad y los discos que nos cambiábamos.

Pero sobre todo tú, cada vez que abro el Cola-Cao, así empiezo el día, tu voz y los besos, los calcetines doblados hacia dentro, por la noche en la habitación se oía la radio en la cocina, ruidos, pasos y voces, me costaba dormir, pero me gustaba, pantalones cortos que picaban, el tacto del sillón, las escaleras, la luz del verano en el portal, el momento de llegar a la playa, la brisa me hace cerrar los ojos, la siesta y la cortina que se mece suave y la luz entre las persianas, miro mi mano y recuerdo la tuya, huesuda, las últimas caricias ¿sabes? cada día te siento, os siento, siempre será así, no lloré lo que debía, lo dejé para otro momento, ahora que os veo.