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REIRSE

Ocurrentes “humoristas” de la tele o la prensa y algunos jóvenes políticos, defienden que hay que poder reírse de todo y en todas partes. ¿Qué hay de malo en ello?

Es tan fácil y natural lo de reírse...Siempre apetece, somos así. De alguna manera es nuestra aspiración más constante, la de buscar maneras de divertirnos. Pena de vida que nos lo impide tantas veces. Casi todo parece estar diseñado para lo serio, el aburrimiento, la rutina, la desidia, cuando no para el sufrimiento o la ansiedad. Así que bienvenida la risa, el chiste, la diversión. Puestos a reírse hay que saber de qué, de quién, con quién y en qué momento. Es la cuestión clave.

Los miembros de una familia hacinada en una miserable favela de Río ríen entre ellos. Niños famélicos abandonados por sus madres en las calles de Bombay sonríen por cualquier cosa aunque, probablemente, ya tengan el sida o la lepra. Perseguidos por su raza, religión o el hambre, víctimas de asesinatos, de abusos, entre la basura o la guerra, niños o mayores, también son fotografiados riendo. Ellos ríen, cualquiera ríe en alguna ocasión. Pero no te rías de ellos. No tiene ninguna gracia hacerles chistes. Ni en twitter ni en un bar.

¿Qué hay quién no merece ningún respeto? Por supuesto: asesinos, en masa o individuales, violadores, quien agrede a la pareja o a los niños, abusadores y ladrones de todo tipo…pero no hagas chistes con sus víctimas.

Estamos “condenados” a reirnos, a buscar válvulas de escape a esta vida de esfuerzos, retos y malos rollos, pero reirse de todo más parece un gesto de superioridad de burguesitos de mundo rico, de inconformistas de salón, de mentes blandas que sólo piden el respeto extremo para lo suyo.