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LA SUERTE

Hace unos días le oí contar esta historia china a un amigo: “Un anciano labrador tenía un estupendo caballo para cultivar sus campos y un día se le escapó a las montañas.

Los vecinos del anciano se acercaban para condolerse con él, “qué mala suerte”. El labrador les replicó: “¿Quién sabe?”. Una semana después, el caballo volvió de las montañas trayendo consigo una manada de caballos. Entonces los vecinos le felicitaron por su buena suerte. Este les respondió: “¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?”. Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró esto como una desgracia. No así el labrador, quien se limitó a decir: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?”. Una semana más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones, menos el hijo del labrador puesto que tenía la pierna rota. ¿Había sido buena suerte? ¿Mala suerte?… “¿Quién sabe?”.

¿Hay que tener un talante especial para tomarse las cosas así, sin ser chino?

Seguro que habría quien se quejara de que el caballo era blanco en vez de marrón o de que la llegada de más caballos supondría un trabajo extra o de que el chico no fuera a la guerra donde seguro que iba a vivir una experiencia que le convertiría en un “hombre de verdad”.

No sé si hay estadísticas respecto a si la gente achaca a la mala suerte más cosas de la cuenta, pero antes de quejarse habría que echar un buen vistazo alrededor de uno mismo. Nada mejor que un folio en blanco con una raya vertical de arriba abajo dividiéndolo en dos. A la izquierda escribimos qué es lo peor que nos pasa, lo que nos perturba. A la derecha, aquello con lo que disfrutamos, lo que tiene verdaderamente valor en nuestra vida. Lo dejas reposar un rato y lo pesas. Siempre hay por qué quejarse, está claro, pero ¿cómo queda el balance?

Si no, siempre se podrá meditar esta cita de Hermann Hesse: “No es una suerte ser amado, pues toda persona se ama a si misma; en cambio amar, eso sí que es suerte”.