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HAPPY

Hay días en los que estoy contento sin saber bien por qué.

La avalancha de preocupaciones personales, sociales, globales, presentes y futuras, que se entrecruzan en nuestra existencia, se reactivan cada mañana cuando, al despertarnos, el dispositivo de la consciencia salta, mediante un fundido de negro a imagen difusa, y nos sitúa, desde temprano, frente a un paisaje que es más bien como un decorado a medio montar, un carrusel oxidado que hace girar objetos cutres e inquietantes, que no se terminan de distinguir, sobre un fondo en grises casi blancos que forma un paisaje silencioso que únicamente emite algunas señales más bien raras a las que no terminas de acostumbrarte, que lo mismo te producen miedo, como que te empujan a levantarte, vamos, nada nuevo, y como todas las mañanas enfilas el túnel por la parte de lo oscuro, que es la incertidumbre, en dirección a la luz, que es la esperanza, hacia la que poco a poco parece que acortas distancias, o eso te crees, y es en ese momento en el que se te encienden las placas necesarias para que el disco duro te permita hasta reírte, ya digo, sin saber por qué, y empezar a escuchar, disfrutar de la primera canción, mientras coges el ritmo de la respiración y del pensamiento sosegado para empezar a tomar decisiones, sin olvidar las tragedias públicas con las que te envuelve la voz de la radio, esas que suceden de la ventana hacia fuera, de tu pueblo hacia fuera, de tu país hacia dentro, que se mezclan con las tuyas, las privadas, pasadas, presentes y las otras, las que no quieres que lleguen nunca, porque nada se ha detenido mientras dormías y en cada minuto han muerto 110 personas, aunque de pronto un loco con un avión nos sube la media, pero entre sofisticados o domésticos asesinatos, han nacido, según la fría estadística, 250 criaturas sin ninguna preparación para lo que les espera, que no tiene por qué ser malo, pues el mundo es más tranquilo que nunca, según los estudiosos, más difícil pero menos violento, y en ese mismo momento en el que seguro que hay quién está pensando en cómo fastidiarle la vida a otro, o a tí, flotas escuchando bossa nova con una luz ya más amable, fantaseando con tus cosas, imaginando la tontería de que se ha detectado una epidemia de amor. Happy New Year.