images

LA VERDAD QUE NOS DUELE

No es cuestión de sangrar, ni de llorar, ni de que te amenacen, ni de que te quedes inválido, ni de que te quedes huérfano o sin hermano o sin esposo o esposa o sin hijo o hija. No se puede evitar ni la (mala) suerte ni el mal sobrevenido.

Resulta imposible ocultar los sucesos que nos conmovieron, acelerando artificialmente el paso de las hojas del calendario. Pero es obligatorio buscar (carpe diem) la felicidad mientras estemos a este lado de la vida. Ay, la memoria….si se pudiera extirpar…

Sentir lo que duele o ha dolido a otros, el sufrimiento que arrastran tantos, como una bola de hierro con grilletes, es una amarga inmersión en humanidad que debería ser obligatoria. Realidad en estado puro: tantos sufren más que yo…

La cara bonita de cualquier existencia es la que el azar no ha castigado más de la cuenta. Buena vida, bendita suerte.

La gimnasia de una vida consciente nos da músculo para algunas cosas y nos lo quita para otras. La verdad es agradable cuando después de buscarla damos con ella, pero la mayoría de las veces es incómoda, revuelve la tranquilidad de nuestras tripas. Es la desazón de saber lo que uno no querría saber.

La verdad trágica de otros nos saca de ese estado de perfecto ensimismamiento en el que nos preocupa, más que nada, esa uña del pie que nos está creciendo mal o que va a llover el fin de semana. Bienvenido Pepito Grillo con su dichosa empatía.

Dos amigos, de parecida edad a la mía, perdieron a sus respectivos padres en esta misma semana hace más de treinta años. La vida de esos padres quedó desde entonces en las cabezas de sus hijos. Me doy cuenta de lo sombrío de la situación y a la vez de que la verdadera valentía es afrontar de cara la vida cuando empieza torcida. Por ellos sabemos que la dignidad sirve para algo más que para protestar en un restaurante o en el súper.

Los dos fueron, en realidad, asesinados por unos fanáticos. Los dos se llamaban Enrique.

Ay, la memoria….ojalá fuera en estos casos hiperrealista.